Algunos dicen temer que se produzca una presión inflacionaria de las clasificaciones: captar clientes siendo "generoso" con las notas y bajar los precios a costa de la calidad de los estudios.
Otros afirman que éste es un mercado lo suficientemente serio y maduro para evitar esto, que cuenta con la fiscalización adecuada y con la confianza de los inversionistas.
Es un hecho que el mercado de la clasificación de riesgo está revuelto. Comenzando el año, se supo de la batalla legal que hasta ahora enfrenta a los socios locales de la agencia Humphreys, Alejandro Sierra y Patricio Daforno, con su socio extranjero, Moody's
Luego vino el cambio realizado por Fitch Ratings, que estremeció al sector a principios de mayo, al elevar su opinión de riesgo sobre nueve bancos. De ahí a las declaraciones de los socios de FellerRate fue sólo cuestión de días. Éstos reconocieron estar preocupados por una política de "bastante generosidad" en las clasificaciones locales.
Todo esto, en el marco de la preocupación mundial que existe por el sector (ver recuadro).
En palabras simples, las clasificaciones de riesgo son opiniones debidamente fundadas acerca de cuáles son las probabilidades de que una empresa o país pague sus deudas.
La regulación amarra a algunos inversionistas a estas opiniones de riesgo, ya que sólo les permite comprar papeles desde cierta nota hacia arriba, como es el caso de las AFP.
Así, las clasificaciones juegan un rol clave en el mercado financiero, pudiendo afectar fuertemente los resultados de una empresa. Un ejemplo: la compañía de seguros Renta Nacional tuvo que dejar de vender rentas vitalicias por tener una nota inferior a BBB-, como establecía la Ley de Rentas Vitalicias de 2004.
¿Presión inflacionaria?
Resulta "preocupante el modelo de bajos costos de algunas clasificadoras, que incluye un intento por compensar una menor calidad de análisis e informes, con una mayor generosidad en las clasificaciones", afirman los socios de FellerRate, Álvaro Feller y Gonzalo Oyarce.
Según ellos, esto podría provocar distorsiones de información y presiones inflacionarias en las clasificaciones, afectando el prestigio de toda la industria.
En otras palabras, para captar clientes lo mejor sería ser "generoso" con las clasificaciones y bajar los precios, a costa de la calidad de los estudios.
Peor aún, podría "incentivar presiones por parte de emisores" para que las agencias más conservadoras también subieran sus notas.
Sin embargo, en la competencia no comparten esta mirada. Aldo Reyes, de Humphreys, considera que en Chile existe una industria lo suficientemente madura como para creer en ella. Mal que mal, tres de sus cuatro actores llevan casi 20 años en el rubro.
Explica que cada agencia tiene sus propios procedimientos y que lo importante es ser consistente con las evaluaciones propias.
En ICR, firma que nació en 2005, explican que las clasificaciones se basan en metodologías que son públicas, que están disponibles en la web y en las superintendencias y que se basan en elementos técnicos. "Entonces difícilmente se puede cuestionar la clasificación de otra clasificadora", dice uno de sus socios, Jorge Palomas.
Respecto a la baja de precios, se lo atribuye al aumento de competencia, lo que vendría a ratificar que había espacio en el mercado para un nuevo actor. "El mercado nos ha dado la razón", agrega el ex gerente general de la Asociación de Administradoras de Fondos Mutuos.
Además, las diferencias entre evaluaciones serían mínimas. Cuando esto ocurre, explica, generalmente es entre subcategorías (BBB- o BBB+), pero no entre categorías (AA o BBB).
En Fitch afirman que "el mejor juez del valor de las clasificaciones es el mercado". Si los inversionistas dejan de creer, dejarán también de utilizarlas. El alza en sus notas de mayo sigue la línea de sus clasificaciones internacionales, de acuerdo a los establecido por Basilea II.
Reputación
Todos los consultados concuerdan en que la reputación y la credibilidad de las opiniones crediticias es la piedra angular del negocio. Sin embargo, no hay consenso en si las alzas se deben a simple generosidad o a fundamentos económicos.
Algunos explican que las notas son tan altas porque las empresas que se evalúan son muy buenas, dado que los inversionistas institucionales no demandan instrumentos bajo.
También argumentan que la situación económica general ha repuntado. El mismo Banco Central afirmó que habían mejorado los indicadores de solvencia de las compañías locales.
En la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), en tanto, se limitaron a decir que están monitoreando permanentemente el tema y que no ven signos de preocupación.
¿Un nuevo caso Enron?
En el exterior hay quienes están preocupados de que algo parecido al caso Enron ocurra con la industria clasificadora. Quien ha puesto el tema en el tapete y liderado la discusión es el francés Michel Prada, presidente de la Autorité des Marchés Financiers, similar a la SVS local.
Prada llevó su preocupación hasta el ente mundial que reúne a los reguladores financieros (la Organización Internacional de Comisiones de Valores, Iosco en su sigla en inglés) en abril pasado.
En marzo de este año advirtió del peligro de conflictos de interés entre las clasificadoras de riesgo -apuntando a los tres gigantes mundiales, Standard &Poor's, Moody's Investor Service y Fitch Ratings y los bancos de inversión.
"Creo que hay muchas similitudes con el mundo de la auditoría y el proceso de diversificación que vimos ahí. Espero que no ocurra otro Enron al mirar el mundo de las agencias clasificadoras", dijo.
Su preocupación principal apunta a la clasificación de los bonos securitizados dado que hay agencias que ayudan a estructurarlos y luego los clasifican.
EN CIFRAS
Desde su creación en 1988, el mercado local de la clasificación de riesgo se ha ido concentrando hasta la situación actual.
En 1993, el número de clasificadoras que operaba en el mercado llegaba a 11.
Tras las fusiones, adquisiciones y creaciones posteriores, hoy operan 4.
Los bonos locales que han debido ser renegociados y han estado más cerca del default son 2
Fuente: El Mercurio |