Como un búmeran, los efectos de la crisis económica mundial están volviendo a su punto de origen. Si en los últimos meses las preocupaciones estaban puestas en algunas economías y en el sistema financiero de Europa, hoy las miradas están sobre el ritmo de recuperación de Estados Unidos, lugar donde se inició el colapso a través del mercado subprime.
Las últimas cifras económicas, principalmente aquellas que dan cuenta de la escasez de demanda final y el bajo retroceso del desempleo, han elevado la probabilidad de que la economía del país del norte muestre una recuperación tipo W. El crecimiento del segundo trimestre de 2010 fue de 2,4% y será probablemente revisado a la baja, y el sector inmobiliario continúa con altos niveles de embargos, factores que no permiten generar aumentos de consumo del sector privado. Algo no menor considerando que el 70% del PIB de ese país se genera sobre la base del consumo interno.
"El patrimonio de las personas se ha visto afectado con la caída de las viviendas y el aún incierto panorama del sector inmobiliario, que gatilló la crisis. Mientras no se mejore la génesis del problema, difícilmente podrán las personas verse impulsadas a gastar más y, con ello, reactivar la demanda. Por otra parte, si bien las condiciones del sistema financiero han mejorado, aún están prestando bajo los niveles normales y, peor aún, no prestando -o muy poco- a las pequeñas empresas. Y, cuando prestan, lo hacen a mayores spreads que hace un año", destaca Gonzalo Trejos, institutional business de Wac Research.
El ejecutivo indica que esto es clave para entender la tasa de desempleo en EEUU (que a julio alcanzó a un 9,5% lo que corresponde a una pérdida neta de 131.000 empleos), ya que las compañías pequeñas demandan gran cantidad de mano de obra.
Además, los datos de precios al consumidor mostraron un descenso entre marzo y junio -el mes pasado se elevó marginalmente-, con lo cual se encienden las alarmas para no caer en deflación, mal que fue determinante en el estancamiento de la economía japonesa desde fines de los '80.
La deflación es un fenómeno causado por una falta de demanda en la economía, la cual induce a una caída sostenida de los precios. Esto a su vez genera un círculo vicioso en el cual los consumidores no gastan porque esperan que los precios continúen cayendo, llevando esto a un proceso de falta de estímulo para la actividad económica.
Para el analista y director de Moody's, Alfredo Coutiño, en Estados Unidos "la deflación es perniciosa porque puede llevar a un período de estancamiento económico como el experimentado por Japón por más de una década".
Christian Espinosa, académico de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales, agrega que "la deflación está asociada con tasas de interés nominales cercanas a cero (el precio del dinero de EE.UU. se encuentra entre el 0% y el 0,25% desde diciembre de 2008). Así, por ejemplo, al bajar los precios, el valor real de la deuda aumenta lo que lleva a que muchos préstamos no se paguen generando una crisis financiera".
El académico explica que la estrategia empleada por parte de la Reserva Federal de EEUU (FED), de mantener las tasas bajas, es una apuesta que puede tener serios riesgos, "siendo el fantasma de la deflación, quizás, el más importante", puntualizó.
Si se concreta la deflación, el gerente general de Principal Asset Management, Valentín Carril, prevé que el crecimiento lento se agudizaría y restaría a un actor muy importante del avance mundial, además de que se retroalimentaría con más problemas por parte del gobierno de EEUU para pagar su deuda (que es nominal en su mayoría). Pero esto no representaría un escenario catastrófico, cree Carril, "porque los emergentes están creciendo bien".
En Japón, fue la burbuja especulativa de los años ‘80 la que provocó la deflación. A mediados de la década de los ‘90, las empresas se dieron cuenta de que sus capacidades de producción y de efectivos eran demasiado grandes y sus deudas demasiado importantes. Así, dejaron de invertir y los precios y los salarios empezaron a disminuir.
Impacto mundial
Alvaro Clarke, socio de la clasificadora de riesgo ICR y ex superintendente de Valores y Seguros, dice que los principales efectos sobre la recuperación mundial se verán reflejados en primer lugar, en un debilitamiento del dólar frente a otras monedas, hecho que ya se ha visto en Chile y en otros mercados. Y en segundo lugar, dada la promulgación por parte de Obama de la Ley que fortalece el sector manufacturero y que fomenta el consumo de productos hechos en EEUU, es que se verán afectados los términos de intercambio, al ser Estados Unidos uno de los mayores importadores del mundo.
Tener a Estados Unidos con un estancamiento en el crecimiento y precios bajos, impacta al resto de los países en sus relaciones comerciales (balanza comercial), financieras e inversión. Siendo el país del norte el principal motor de la economía mundial, "una desaceleración más fuerte en éste arrastraría a una desaceleración más pronunciada del resto del mundo", señala Coutiño.
"Un mix de herramientas que apunten a reactivar la economía es necesario. En este contexto, el anuncio de que comenzará a reinvertir los ingresos obtenidos por el vencimiento de los bonos hipotecarios que adquirió durante la crisis financiera es una buena señal. De esta forma, debiéramos esperar para las próximas semanas nuevos anuncios que se complementen con el mantenimiento de tasas bajas", destaca Espinosa.
Combate a la deflación
Los mecanismos para combatir la deflación son variados y generalmente se asocian a políticas monetarias y fiscales expansivas.
Espinosa advierte que "lamentablemente, el déficit fiscal de EEUU le deja la tarea principal a la Reserva Federal de EEUU (FED). En este contexto, se podría inyectar liquidez cada vez que sea necesario e incrementar préstamos al sector bancario, por ejemplo. También la regulación ocupa un lugar importante y, en esta línea, contar con un sistema bancario bien capitalizado y con menos asimetrías de información otorga seguridad". Con estas medidas, el académico estima que suben los precios y las expectativas de inflación.
En la misma línea, Clarke plantea que dado el actual escenario -que da cuenta a julio de 2010 de un déficit fiscal de US$165.000 millones- "lo más lógico sería combatir la deflación mediante política monetaria. En este sentido, la FED se ha comprometido a renovar sus compras de bonos del Tesoro, con lo cual estaría inyectando más liquidez al mercado financiero, en un esfuerzo por mantener las tasas de interés en el mercado bajas y estimular de este modo la economía".
Ante esto, Coutiño afirma que es por esto que las autoridades estadounidense no sólo no se atreven a retirar los estímulos prematuramente, sino que incluso están dispuestos a profundizarlos, en caso de que la economía no dé señales de vida más adelante.
Según el economista jefe de Banchile, Rodrigo Aravena, si bien los estímulos fiscales constituyen una deuda a pagar, y por ende las necesidades de ajuste fiscal son mayores, sustituyen el impulso que hoy no está dando el mercado laboral. Ante esto considera que "si bien hay que retirarlos en algún momento, el hacerlo anticipadamente, más aún en ausencia de recuperación del empleo, podría ser determinante para que la economía nuevamente entre en recesión".
Al respecto, el gerente de estudios de Tanner Corredores de Bolsa, Claudio González, atribuye alta importancia al aporte de corto plazo, "porque si el sector privado no está consumiendo, debe ser el sector público el que genere esas condiciones de presión de demanda para evitar una espiral deflacionaria". Y, ante esto, destaca el rol que está jugando la FED (compra de papeles del Tesoro que mantiene las tasas de largo plazo bajas).
Sin embargo, estas medidas son generadoras de gasto público, lo que impide cerrar la gran brecha de déficit público que tiene la economía del país del norte. "Esto es un problema en el largo plazo, porque el mayor déficit puede redundar en mayor riesgo de esa economía y, por tanto, mayores spreads crediticios que cobrarán a las empresas estadounidenses que necesiten recursos para aumentar la producción. Además, cuando se recupere el sector privado, deberá ser el sector público el que se ajuste, lo que podría generar algo de desempleo público y menores subsidios, entre otros factores. Puede haber un efecto negativo también en los sectores más asistidos por el Estado", explica González.
Camino a la recuperación
Existe consenso entre los actores económicos, de que tras la pausa que se ha visto en Estados Unidos a la recuperación de la crisis, la economía retomaría una mayor velocidad de crecimiento. En lo que no coinciden es en estimar el tiempo en que ello ocurra.
En este contexto, el economista jefe de Banchile estima que los principales catalizadores de la recuperación serían la buena situación financiera que poseen las empresas del sector privado, la expansión de la política monetaria y una eventual recuperación del empleo.
Trejos, de Wac Research, indica que el sector corporativo del país del norte se encuentra en un buen pie, incluso mejor que después de crisis anteriores. En tanto, Valentín Carril, de Principal Asset Management, piensa que la recuperación definitiva podría ocurrir en unos 18 meses más. "Indicadores que mostrarían tal recuperación serían un PIB creciendo cerca de su tendencia y tasa de interés de política al menos en 1%", proyecta el ejecutivo.
Bajo las condiciones actuales, la economía estadounidense no alcanzaría su crecimiento potencial sino hasta finales del 2012, cree el analista y socio de Moody's, quien destaca que la principal fortaleza está en la recuperación que ha mostrado la inversión de las empresas, lo cual junto a los mayores esfuerzos de ahorro de las familias y las ganancias en productividad, podría meter a la economía en una trayectoria de crecimiento sostenido hacia 2 ó 3 años.
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